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En homenaje a los colaboradores de la catástrofe hídrica que sufrió la ciudad de Santa Fe y la zona por el Círculo de Escritores Paivenses...
"Y el río creció"... Por Liliana Costa

 

Los diversos medios alertan y los entendidos en la materia hacen caso omiso; la mansa serpiente era predecible, no se atrevería…

Pero… inesperadamente, así como resurgen las leyendas olvidadas, cobra vida desde la profundidad acuosa y se mueve… Del letargo lodoso despierta su bestialidad letal y sinuosa.

En todas direcciones se agita y avanza, descontrolada en su apetito milenario, molesta y atrevida, crece…Serpentea entre las barreras de obstáculos naturales y provocados y crece…; sube, trepa, como entre ensueños; imperceptible, asciende lenta.

Acecha; despereza su masa mojada sobre los retratos de los hombres; avanza sobre sus historias, gélida y hostil, implacable.

Dicen los labios, hablan de oído a oído como escondiendo el secreto tenaz que los persigue, que, encarcelada y tullida, mutilada por el germen urbano del progreso, viene a reclamar su lugar, ese que le fue arrebatado, esa cuna original extensa y cómoda que le pertenecía y que poco a poco le fue quitada…
Y crece… hostiga y se arrastra, se lleva por delante la vida y el porvenir, los atropella en medio de la desesperación, los gritos y las lágrimas…; sisea, se ensancha y abarca, oprime y ahoga, ahoga y crece..., y la impotencia, crece; gana terreno y avanza, crece… confusión y oscuridad.

Y cuenta la crónica que cuando cunde la alarma ya es tarde, lo inverosímil da paso a lo real y acontece…, acontece y crece… Las culpas y disculpas ya no alcanzan; desasosiego y descontrol, muerte y reproches. Un desamparo sin límites se escarcha en la penumbra de la humedad y el olvido negligente aquieta la furia del reptil que emprende la noble retirada después de haberlo probado todo a su paso… Todo comienzo paulatino tiene un final previsto que lo condena y estanca y ese día…llegó…

Se escurren por la garganta turbia, pertenencias y pertenencias, sin nombre, sin tutela; revoltijo y apiñamiento, desperdicios sin fin, olores nauseabundos…

Y así, baja… se hunde; pasan días y semanas, se seca…se va…
Llanto, quebrantamiento y destrucción; carencias de todo tipo rondan la noche, ansiedad contenida, postergación, hambre, frío, miedo y dolor, mucho dolor, incalculable tenaz, insoportable…

Y las palabras no alcanzan, el idioma no consuela y el verbo fenece en su sentido porque no basta y otra vez, alaridos de dolor aquí y allá…

Una luz, un destello apenas y al rato una llamarada, desolación permeable que prende en los corazones y los gana en solidaridad.

Una brisa de amor surgida de todas partes, desde los confines de la percepción inunda el ambiente…, transmisiones, búsquedas, rescate e información; cadenas de manos y sentidos al desnudo entrelazándose, uniéndose en cruenta diligencia.

Alerta y coordinación y nuevamente, búsqueda y rescate; encuentros y desencuentros se suceden ininterrumpidamente jornadas tras jornadas, paso a paso, sudor gota por gota, interminable…

Y he aquí un ejemplo, uno de los muchos, incontables como las estrellas de los cielos: - “Me he quedado solo entre tanto hacinamiento, entre tanta “identidad” (1) perdí la mía y me refugié en mis adentros, porque es todo lo que tengo, lo que perdí y lo que me queda…, mis recuerdos…mis recuerdos…”-

Liliana Costa

(1) El término “identidad” está usado metafóricamente representando la imagen de gente agrupada en un mismo lugar; de no ser así se contrapondría al concepto vertido anteriormente sobre la pérdida de identificación de los inundados.

|Por Liliana Costa colaborando con www.lagunapaivaweb.com.ar
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