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El texto de hoy...de autores paivenses
 
 

Esta pequeña historia, clericó de géneros (mezcla prosa con poesía) se ambienta fuera del tiempo presente, divaguemos por un momento sobre algo muy loco o descabellado, algo que pertenece a un pasado remoto, con “reminiscencias” de una época actual. Entonces...
Cuando el sol entorna sus párpados para despertar su andar sobre otros horizontes, las ventanas de la fantasía entreabren sus postigos y dejan entrar volando a las luces de la imaginación que inunda cada rincón, cada uno de los rincones de un espacio, muy particular...

LAS VOCES DEL RETRATO
El ratón de toda biblioteca, infaltable por su apetito voraz de maderas u papeles, se paseaba muy orondo entre los chirriosos estantes cuando al toque, un murmullo que venía del saloncito contiguo, el de los depósito de objetos en desuso y las ocasionales tertulias, lo tomó desprevenido. Alertado y atento a las señales que provenían de aquel lugar, con, no más trámite que el de su innata curiosidad, buscó el indicio de esos hilos vocales y sin el más mínimo prejuicio paró su oreja enorme y se puso a escuchar...
-Y Alberdi, ¿dónde está?
- Se fue, se nos cayó de la memoria; cansado de hacer silencio y fruncir el seño, con su entrecejo marcado, sus grandes cejas arqueadas y una apariencia casi sombría, casi despótica...
-Y Alberdi, ¿por qué se fue?
- Porque ya está viejo y postergado; se retiró a su cuarto en penumbras, que hace juego con los archivos que guarda; olvidos de todas las épocas, vigencias pasadas...
-Y Alberdi, ¿qué hace allí?
- Espera ser reivindicado; quiere aprender, relajar la aspereza de sus rasgos; los tiempos han cambiado, lo comprende; la sobriedad no implica tanta seriedad y el respeto no se impone mandoneando.
-Y Alberdi, ¿qué pensará?
-Piensa en cambiar la cara, tal vez lo puedan restaurar y así, ganarse de nuevo el lugar, el del hall de entrada, ¡Sí, ése que le quitaron las plaquetas recordatorias y lustradas! ¡Y a lo mejor tienen razón, debe mudar la impresión para volver al salón...; es que Alberdi no se pintó solo, lo castigó el autor, haciéndole ver en el rostro esa taciturna expresión...
- Y Alberdi, ¿adónde irá?
-Lo está pensando ahora, ya no es indispensable, su presencia se percibe respirando, ya todos conocen su nombre; “ése” tantas veces pronunciado, el mismo con el que bautizaron a la catedral del saber, aquel recodo dulce, reservorio de dichas y nostalgias...
Y las voces se fueron apagando... igual que la luz de la melancolía que las trajo hasta el tiempo presente...
Un ratoncito rezagado, volteó un estante que por un clavo flojo se descolgó a pasar... y en el sonido de mil silencios se durmieron todas las palabras...

|Liliana Costa