Nuestros olvidados ferrocarriles
“Dedico
esta nota como tributo que rindo a los hombres que
formaron los planteles de trabajadores, administrativos
y jefes de nuestros talleres, depósito, locomotoras,
tráfico, vía y obras, almacenes, etc;
los que con sacrificio y perseverancia formaron toda
la estructura ferroviaria que nos acompañó
hasta el 1993 ”.
Cuando
el primero de marzo de 1948 se celebraba en todo el
país la recuperación de todos lo ferrocarriles,
que hasta ese momento se encontraban en manos de empresas
extranjeras, no se hizo únicamente por iniciativa
del gobierno, sino que fue fruto de años de
lucha, tanto de funcionarios, legisladores, gremialistas,
prensa, entre otros. Pero, la soberana voluntad de
un pueblo deseoso de iniciar un sostenido y verdadero
progreso en el país, y el pilar del mismo sin
duda debía ser el ferrocarril, cosa que entendió
el entonces presidente de la Nación, General
Juan Domingo Perón, fiel intérprete
de un pueblo ávido de trabajo y bienestar.
Para llegar a esta estatización se tuvo en
cuenta, en primer, lugar su condición de colonizador,
creador de infinidad de pueblos y ciudades, nacidos
a la vera de sus vías. Se debía analizar
la tremenda importancia de una empresa, que a la vez
que sirviera de progreso, no contaminara el ambiente,
no dañara rutas ni caminos, que su funcionamiento
sea altamente económico y que se desenvolviera
bien, tanto en corta como en larga distancia, para
generar progreso y, sobre todo, fuentes de trabajo
y que en muchos casos produzca alegrías el
sólo hecho de contar con su presencia, aún
en las zonas más inhóspitas de nuestro
territorio.
Por eso, despojándonos del sentimiento ferroviario,
es fácil apreciar que el ferrocarril trajo
progreso y bienestar. Los 48.000 kilómetros
de vías así lo demostraron, como la
vinculación geográfica con países
vecinos a los que llevó soluciones reales en
la economía de todas las regiones productivas,
aún no contando en sus inicios con tecnología
de punta, pero la voluntad de sus obreros, dirigentes
y gobiernos contribuyeron al sostenimiento global
de la economía del país, en aras de
una patria progresista.
El tiempo nos hizo ver que, a pesar de que todos los
sacrificios llevados a cabo por cientos de obreros
ferroviarios, prácticamente no sirvieron para
nada, ya que al principio de 1990 y por diversas razones,
fueron cerrados todos o casi todos los talleres ferroviarios
y clausurados gran parte de los ramales que existían
a lo largo de la patria. Esto produjo que nuestro
país tenga uno de los índices mas altos
del mundo en desocupación.
Es indudable que, no solamente se cerraron las puertas
de una empresa señera, sino que era la fuente
de trabajo de cientos de miles de operarios que todavía
creían que el país llegaría brindar
bienestar espiritual y económico a todos sus
habitantes. Pero hoy nos encontramos con que, no sólo
se clausuró, sino que se lo quiere transformar
en una simple pieza de museo, tantos sus elementos
como todos sus monumentales edificios, para convertirlos
en negocios que, sin lugar a dudas, sólo producirán
beneficios a algunos pocos. Esto ciertamente ha de
ocurrir, de no mediar alguien con un poco de sentido
común que quiera empezar a trabajar para que
el sistema ferroviario vuelva a tener la importancia
que nació en el momento en que fueron nacionalizados
y puedan nuevamente circular por todo el país,
llevando progreso y hermandad entre los pueblos, debiéndose
tener en cuenta que el ferrocarril fue, es y seguirá
siendo el más valioso instrumento de desarrollo,
aún en los países más avanzados
y que en un territorio tan extenso como el nuestro,
no podemos concebir que en el futuro no se cuente
con la presencia tecnificada como corresponde, y ser
nuevamente el pilar inconmovible de nuestra economía.
Por todo lo expuesto se hace imprescindible repetir
las palabras de quienes lucharon con ahínco
por la recuperación de los ferrocarriles, y
dichas en un acto de reivindicación de la empresa.
“Ya son patrimonio de la Nación, todos
los elementos que lo componen: talleres, edificios,
servicios, etc. Ahora sólo nos resta cuidarlos,
modernizarlos y hacer que sirvan de columna vertebral
en el progreso y engrandecimiento de la patria ”.
Sin embargo, muy pocos años después
dejaron de ser argentinos.