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El texto de hoy...de autores paivenses
 
 

DESNUDOS
(Escrito sin a)
En ese rincón del recinto y sobre el rojo y viejo sillón, te pusiste en pose.
Un repentino soplo del viento de otoño se deslizó y silbó por el ventiluz.
-¿Podés encender el fuego? -inquirió tu débil voz.
-¿Sentís frío? -pregunto sin volver mis ojos en tu dirección y sin intención de ofenderte.
-Y, sí -me respondiste sin insistir y en un tono insulso pero firme.
No te sentís bien conmigo, lo sé. No es tu interés exhibir tu desnudez porque sí.
Entonces te miro, y leo en tus ojos tristes el dolor de ese recuerdo tormentoso que sigue vivo en tu interior.
No puedo, no. Es imposible medir en vos ese deseo infinito de ser libre. Presiento que, donde tu espíritu escondió su incertidumbre, el dolor se convirtió en ese único sentimiento que hoy hiere todo tu ser. Y no podés impedir que esos recuerdos, crudos y llenos de odio, de rencores, se fijen en tu mente, porque vuelven y vuelven y duelen y piden socorro y quieren tenderse en el olvido, pero siempre vuelven y percuten oprimiendo lesiones invisibles.
Y recuerdo…
Fue público tu himeneo.
Y mejor difundido, tu repentino y vergonzoso divorcio.
Decime, entonces, si puede retroceder -en el silencio de tus noches- el tiempo de tu fe-reloj dormidos y vencer el miedo y el egoísmo de tu pudor.
Te miro y me pregunto cómo volver peregrino tu doblez y convertir tu hondo gemir en eterno regocijo (como el de los que se mueven entre lo obsceno y lo puro y pueden seguir vírgenes después del repudio de los otros).
Enciendo el fuego y espero. El silencio es un prudente cómplice de nuestros sendos despojos.
Retomo los pinceles y, en tonos ocres, vuelco en ese rostro lo que no puedo ver en el tuyo: destellos de perdón, sosiego, luz, fe… indicios de un rostro seductor, seducido, seduciente.
Termino el proyecto y coloco mis pinceles en su sitio.
Miro el boceto y te miro. Qué difícil fue. En ciertos esbozos, sentí que te violé. Que ofendí tu presente y tu futuro. Pero es lo mejor que he hecho desde mis primeros tiempos porque me diste todo lo que un cuerpo puede ofrecer en ese exclusivo incendio de entes que se unen(…)
Te vestís con receloso temor, sin ruido de roces sobre tu piel. Tus movimientos sutiles piden que tu indolente ser se niegue, escondiendo estos deseos profundos de devolverte un momento de sexo vehemente.
Por fin, te ponés el buzo negro y te descubrís débil, porque presentís que el lienzo no pudo ensombrecer tu dolor y que yo quise, como en un descuido, exponer tu orgullo herido.
Luego de este loco momento, y solo en mi nido, siento que, corriendo sobre los contornos oscuros de mi pueblo, el viento se volvió un indiscreto espejismo del cielo, de lo eterno. Y me pregunto por qué no repetir, en todos mis lienzos, los soberbios y divertidos delirios de lo bello y lo prohibido.


(Primer premio Concurso “Luciano Riquelme Atienza” 2001)

|Vivian Ruth Sinelli